Arto Tunçboyaciyan
Love Is Not in your Mind

portada

Arto Tunçboyaciyan
Love Is Not in your Mind

©2005 Heaven and Earth/Resistencia
ref.: RESCD170
54’02”




 

Cuando buscamos evadirnos de este mundo a través de un buen disco muchas veces intentamos encontrar ese escape en determinados ambientes o atmósferas electrónicas, algo que evoque espacios abiertos y a ser posible que no nos dé mucho que pensar. Y a menudo nos olvidamos de que las cosas más sencillas y a la vez más cercanas pueden tener el mismo efecto sin ser tan sofisticadas o modernas.

En este modo de vida del que presumimos arrogantemente los occidentales la world music se ha convertido en una moda «chic». Uno «está en la onda» si conoce a tal o cual artista y además es solidario con los problemas de los países menos desarrollados. Sin embargo cada vez son más las personas que escuchan música del mundo porque se identifican con ella de una manera honesta, porque sus sonidos, sus ritmos, les llegan más directamente, como un cálido abrazo de quien no espera recibir nada a cambio.

Es cierto que el folclore de los pueblos de la Tierra es rico y diverso, que a menudo está lleno de ritmo y color, pero a veces también es callado y sereno, tierno y humilde.

Es el caso de Love Is Not in your Mind, música del mundo de la mano de Arto Tunçboyaciyan y Vahagn Hayrapetyan —pianista y teclista de la Armenian Navy Band—, en un álbum entrañable que Arto dedica a su madre con un sentimiento demoledoramente poco habitual.

Vale le pena dejarse arropar por los tambores de mano, las voces, el duduk, el sazabo y el bular en este viaje místico para descubrir cómo las cosas pequeñas pueden conmover con la mayor de las fuerzas.
Love Is Not in your Mind discurre por sonoridades íntimas variadas, siempre sosegadamente, respirando, como es habitual por otra parte en la música de Arto Tunçboyaciyan. No busca impresionarnos, ni deslumbrarnos, ni tan siquiera conmovernos o agradarnos. Simplemente es un ejercicio de «ser uno mismo»: esto está aquí y es así, no me preguntes por qué o por qué no, y si te gusta, lo comprendes y lo disfrutas, lo celebro, pero lo habría hecho exactamente igual aunque no te gustara. No pretendo tu aplauso ni tu indulgencia. Es música. Es emoción. Es vida.
O más fácil todavía: ES.

 
©2005 Javier Bedoya