Bruno Sanfilippo

 

Hace unos años iban tres personajillos escuchando en el coche de uno de ellos un CDR con varios temas. Uno de esos temas dejó boquiabiertos a los tres: ¡cómo suena de bien esto! Pues sí, sonaba de mayúsculas.
El autor: un argentino (ahora vive en nuestro país) llamado Bruno Sanfilippo. El disco: ‘Suite Patagonia’.

Melodías fílmicas y paisajísticas construidas con sonidos ambientales que entrecruzan el sentido del oído para llegar a un trance goloso. ¡Endúlzate!

©2006 Manuel Lemos Muradás

bruno-sanfilippo.com

—Eres argentino pero vives en España. ¿Cómo está el panorama de la música electrónica en Argentina?

—En Argentina se centra prácticamente toda la movida cultural en Buenos Aires, aunque tengo entendido que la tendencia se está revirtiendo. Como en todas partes, la música electrónica se la asocia con la música de baile y los dj’s, sin embargo hay diversos artistas que representan el amplio abanico estilístico.
También Buenos Aires es a menudo itinerario de giras de artistas electrónicos consagrados. Como en toda gran capital, la música electrónica vive y se hace oir.


—¿Cuál fue ese tema, ese músico que prendió la llama de tu pasión por la música que haces?

—Nunca pensé ser músico, simplemente sucedió desde que había un piano allí dónde nací… Estoy agradecido. Durante el camino uno se enriquece escuchando de todo, aunque al oir cierta música contemplativa o no tanto, me colma de satisfacción…
Durante los ’70 el rock sinfónico de Yes, Pink Floyd, Genesis y solistas como Peter Gabriel, Vangelis y Mike Oldfield me marcaron indudablemente.
En los ’80 comenzaba a hacer grabaciones caseras en piano procesado y a estudiar música y orquestación, y a interpretar en el piano a los clásicos de la música antigua, quienes se encargaron de incendiar la llama de la pasión…

 


Giant Patagon (Suite Patagonia, 2000)


 


—Tu música es muy fílmica. ¿Qué imágenes quieres crear con ella?

—Me dedico a explorar la creación sonora de forma tal que transmita al oyente más allá del estímulo emocional o de simple entretenimiento, si trasportara al interior de cada uno… Allí todos tenemos un océano latente de imágenes, y cada uno lo manifiesta en forma diferente…
En el último de los casos, mi sonido puede ‘disparar’ la imaginación… Pero las imágenes las proyecta el receptor en su ‘InTRO mundo’.


—En el año 2000 se publicó uno de tus primeros discos: ‘Suite Patagonia’. Hay un tema en ese disco (“Giant Patagon”) que aún hoy en día me sigue teniendo boquiabierto. ¿Cómo nació esta maravilla?

—Bueno… El hecho de que te guste me reconforta.
‘Suite Patagonia’ se situaría ahora en mitad de camino entre lo primero y lo último de mis trabajos. Creo que “Giant Patagon” es una composición potente y sugestiva, quizá la misma fortaleza que los primitivos indígenas trasmitían a los colonos, que por su gran estatura, los veían auténticos gigantes.


—¿Es tan preciosa la Patagonia como parece?

—La Patagonia argentina es enorme, vasta, de una belleza ‘cuasi virgen’, su variado paisaje abarca desde la cordillera de Los Andes hasta las frías costas del Atlántico, y desde el sur de la Pampa hasta el extremo sur de Tierra del Fuego.
Durante dos décadas la he recorrido, pero nunca la acabas de conocer.


—¿Qué 5 discos te llevarías a la Patagonia para escuchar mientras tus ojos se llenan de hermosos colores?

—La verdad es que preferiría percibir los sonidos de su vida silvestre, los pájaros, como el típico ‘Chucao’ (que se oye en la primera pista del álbum), el crujir de los troncos de los centenarios bosques, las rompientes de un glaciar… Las cascadas recónditas…
Y el eco resonante de la música de los Mapuches, hoy día desaparecidos por siempre.


—Kultrum, Chaschas, Pifilca, Trutruca… Todos estos nombres tienen en común que son instrumentos de los indígenas Mapuche y que tu has utilizado junto a otros. ¿Cómo pueden convivir los instrumentos más ancestrales con los más actuales?

—Probablemente incorporándolos con un criterio razonable, no lo sé exactamente. De todos modos, más allá de los colores sonoros pretendidos en la composición, todo instrumento, sea eléctrico o acústico está al servicio del músico y su obra.
Para evitar un contraste ‘tímbrico’ intento amalgamarlos con un sonido electrónico más bien orgánico.
La cultura Mapuche siempre me atrajo, y con la colaboración de distintos organismos y museos de Argentina pude agrupar e utilizarlos en el álbum.

 


Intention (ad Libitum, 2004)


 


—¿Crees que los pueblos están cada vez más perdiendo sus identidades culturales ante la modernidad?

—Sí, y es natural, incluso las razas terminarán desdibujándose. La cultura de un pueblo es su propia memoria, su identidad, y creo interesante que se respete y conserve sin entrar en conflicto con lo moderno, esto no es fácil pero es posible.
Desde el punto de vista artístico, sin duda estamos gozando de una diversidad estilística inaudita, un mestizaje novedosamente interesante.
No obstante, en el caso de la música, la modernidad otorgó accesibilidad a la tecnología musical, lo que conllevó a una explosión de ‘músicordenadores’… Y teniendo en cuenta que cada uno sueña con ofrecer su CD a la industria…


—Además, en ‘Suite Patagonia’ utilizabas grabaciones de aves patagónicas.

—Es cierto, con el consentimiento de una editora especializada en cantos de aves utilicé algunas muestras de pájaros autóctonos, que incluso figuran en relatos de antiguos navegantes como “Magallanes”… El caso de la “Garza Bruja” y su áspero canto nocturno a orillas de Tierra del Fuego, que perturbaba las noches de los aventureros navegantes europeos.

 


Magallanes (Suite Patagonia, 2000)


 


—En el año 2003 publicabas con Neuronium Records el disco ‘Visualia’. ¿Cómo se produjo este contacto con el sello discográfico de Michel Huygen?

—El contacto se produjo mediante Jorge Munshe de Amazing Sounds, que me escribió informándome acerca de Michel Huygen y su nuevo sello discográfico.
Poco más tarde nos vimos con Michel en el Insolit Music Forum de Barcelona, y luego de escuchar mis trabajos anteriores editados por ad21music se interesó en editar lo nuevo hasta entonces: ‘Visualia’.
Estoy muy satisfecho con la relación y su resultado.

 


Visualia III (Visualia, 2003)


 


—También este sello discográfico el año pasado publicó un recopilatorio tuyo con temas que van desde tu primer disco en 1991 hasta el 2004. ¿Qué recuerdas de esos tus primeros discos como son ‘Sons of the Light’ (1991), ‘The New Kingdom’ (1995) y ‘Solemnis’ (1998)?

—Se puede notar que hay cierto “hilo” en común, pero también una evolución respecto del primer álbum al último… ¡Menos mal!
‘Sons of the Light’ parece algo salvaje e ingenuo, ‘The New Kingdom’ suena con alguna reminiscencia medieval… En ‘Solemnis’ se percibe un sonido más electrónico… Y un discurso más lineal. En fin… El compositor te dirá siempre que, en todo caso, su última obra es el ‘summun’…


—Entre la música de Max Corbacho y la tuya hay muchos paralelismos pero también muchas diferencias. Aún así en el año 2004 habéis colaborado en el disco ‘Indalo’. ¿Cómo se produjo esta unión?

—Con Max sentimos la necesidad de hacer música juntos luego de un viaje a Cabo de Gata, Almería. Una zona de origen volcánico y de extraños paisajes, con rastros de antiguas civilizaciones, como la misma figura enigmática del ‘Indalo’.
Llevamos microfonía especial y realizamos diversas muestras de audio en diferentes zonas y horarios. Luego, en nuestros estudios, contábamos con una gama de sonidos de insectos diurnos y nocturnos que fuimos incorporando a nuestras perfomances en los teclados… Un álbum conceptual denso pero mágico, que hemos disfrutado mucho.


—¿Cómo os repartísteis el trabajo?

—Desde el arte de la portada y su diseño gráfico hasta la última nota que suena lo hemos hecho colaborando permanentemente en ideas y trabajo, todo al detalle.
Un ida y vuelta enriquecedor sin duda.
Como no podía ser de otra manera, se ha editado a través de nuestro propio sello ad21music.
Cuando tuvimos el álbum en la mano, no teníamos idea de cual sería la respuesta de la gente y de la prensa… Honestamente, teníamos dudas, pero afortunadamente se convirtió en un álbum exitoso y ampliamente radiado, a pesar de su característica de rara belleza. Una grata sorpresa.


—El caminar del ser humano lleva consigo desde siempre ir “cogido de la mano” de la música. ¿Podríamos vivir sin ella?

—¡Oh! “La vida sin música es un error”, ¿será como vivir a oscuras…?
La música tiene alcance físico, mental y espiritual… Lo cual no es poco.
Actúa sobre la bioquímica de nuestro organismo, produce variaciones en el ritmo cardíaco y respiratorio. Uno se siente naturalmente atraído por la experiencia placentera de la música y los sonidos.
Al menos yo… No podría vivir sin ella, es una forma necesaria de comunicarme…

 


InTROpassion (InTRO, 2006)


 


—¿En qué estás trabajando actualmente?

—…Se extingue otro invierno, y mientras estoy acabando un nuevo álbum, ‘InTRO’, un trabajo intimista y visionario, posiblemente en la línea de ‘Visualia’ o ‘ad Libitum’, pero con una línea emocionalmente más estable.
La vida de artista conlleva naturales crisis periódicas. La misma experimentación de crear trae goce y dolor a la vez… Pero es el sagrado indicio de crecimiento… Sin él es todo quietud, todo silencio…

Barcelona, 22 de febrero de 2006

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