Thomas Kagermann

 
 

Siempre que nos hablan de un violinista acude de inmediato a nuestra mente la imagen de un concertista clásico o la de un intérprete de música folk. Y si no, detenéos a pensar un rato: ¿Qué véis? ¿Qué oís?

Por fin alguien tiene la valentía de salirse del “buen camino” y hacer algo constructivo, una música por encima de todo innovadora y no experimental (o sea, que no está hecha para cuatro “raros”), demostrando una vez más (lo cual nos encanta, lo admitimos) que la creatividad del artista es superior a prejuicios comerciales que suelen volver mediocres las mejores ideas.

©1996 Javier Bedoya

kagermann.com

Thomas Kagermann se ha volcado en ello (y se nota: muchísimo) para desarrollar otras formas infinitamente más imaginativas que las que siguen muchos de sus compañeros que tan sólo se limitan a seguir las líneas de un papel pautado (que, además, tienen la mala costumbre de escribir otros) o a tocar los mismos reels de siempre con mayor o menor sentimiento.

Nació en 1950 en Wuppertal (Alemania) y empezó a tocar el violín a los siete años. A esa edad la educación musical que se recibe es, por fuerza, la “ortodoxamente clásica”. Posteriormente aprendió a tocar el piano, el órgano, la guitarra, el bajo y la mandolina.

En 1972 se inicia una etapa en su vida como músico folk y forma parte del grupo Fiedel Miechel. Las aportaciones de Kagermann a través de sus improvisaciones y sus propias composiciones abrieron nuevos horizontes a la música folk tradicional. De esta manera, tras grabar seis álbumes con el grupo, Kagermann se había situado a la cabeza del panorama folk alemán de los años 70. Por aquel entonces ya había estado de gira por Holanda, Inglaterra, Escocia, Irlanda y Suiza.

En el 78 se unió a la Falckenstein Band, que era una formación folk-rock, y grabaron dos discos con Conny Planck.

Entre 1979 y 1980 se sucedieron los conciertos (Dublín, Rotterdam…) y conoce a nombres tan afamados como Paddy Maloney o Brian Masterson.

En 1981 sale a la luz su primer disco, ‘Auf der Jagd nach der Zukunft’ (‘En Busca del Futuro’) y es entonces cuando toma una decisión: “Este parece ser el momento adecuado para cortar el cordón umbilical y darme a conocer”.


—¿Cómo un hombre que ha crecido interpretando a los autores clásicos con su violín se da cuenta de que quiere hacer algo por sí mismo?

—El período durante el cual aprendí a tocar el violín fue un período que yo denominaría como de “aprendizaje de la técnica” o de “artesanía”. La manera clásica de “aprendizaje de la técnica” es muy eficiente, porque es muy difícil. Después de haber aprendido las bases de la técnica, tocar el violín se hace interesante de un modo diferente. yo descubrí que tenía que proporcionarle “el aliento de vida”, piensa en el Génesis, Primer Libro de Moisés, y darle a mi forma personal de tocar el violín el “aliento” personal.
Descubrí por mí mismo que necesitaba mis propias composiciones, composiciones personales para él. Ésta es la razón de por qué me alejé del estilo-bonito-de-Mozart de tocar el violín.


—¿Era el violín un buen instrumento para componer tu música o resultaba difícil traducir tus ideas en sonidos?

—¡Fui afortunado! Es muy raro (e importate) encontrar en este planeta a alguien que se exprese tocando el violín con un sonido individual, mediante composiciones personales, sin haber sido capturado por los estilos clásico, jazz o folk. Así que, para mí, el peligro de perder autenticidad a causa de “grandes ideales-gigantes” era cero.
El violín para mí es un instrumento fantástico para componer, porque crecí con él, y adoro tocar, componer y hacer arreglos a mi manera. Me gustan la simplicidad, la belleza y el espacio. He encontrado mi manera de tocar el violín; gracias a Dios la he encontrado y todavía estoy desarrollándola, pero ya no hay ninguna duda sobre eso. Me ha llevado 45 años encontrarla Y AHORA ESTÁ AHÍ.


—A aquel primer LP de 1981 le seguirían tres más y a principios de los 90 entras en contacto con la banda de Andreas Vollenweider, Jan Akkerman y Büdi Siebert.
En 1992 se publica tu primer CD, ‘Violunar’. Háblanos un poco de este trabajo.

—Las sesiones de grabación para el album ‘Violunar’ fueron muy interesantes para mí desde el punto de vista del músico. Los músicos eran fundamentalmente los integrantes de la banda que toca normalmente con Andreas Vollenweider, el arpista suizo. Ellos entendieron perfectamente mi estilo individual de música y todos disfrutamos tocando juntos. Por otro lado también fueron muy excitantes las sesiones siguientes con el holandés ex-centrado en la guitarra Jan Akkerman. Hice un par de sesiones de improvisaciones libres a dúo con él (sólo violín y guitarra) y una de ellas está recogida en el album ‘Violunar’ (‘Obscure Places’). Jan es un guitarrista fantástico con un aura muy estrecha y musical.


—En noviembre de 1994 se publica tu nuevo disco, ‘eyeM’, grabado con tecnología de sonido envolvente Balance Surround Sound. ¿Es ‘eyeM’ la consolidación de tu propio estilo? En él hablas del equilibrio del mundo. ¿En qué pensabas cuando lo estabas componiendo?

‘eyeM’ es un album muy bonito, es una especie de viaje en solitario para violín. Es todavía un “album pionero”, un “album experimental”. Cuando podáis escuchar el album ‘Delicious Fruit’, en el cual estoy trabajando ahora, os daréis cuenta de que lo que llamáis “consolidaciones” pueden encontrarse en esta música. Está ahí: melodías hermosas, armonías y espacio. No puedo explicarlo con palabras: tienes que escucharlo. Tiene un aura musical más intensa que los álbumes anteriores, es más (interprétalo según tu propio criterio) espiritual.
La forma de tocar el violín en ‘Delicious Fruit’ es muy “madura”, como la deliciosa fruta del mango cuando no se ha cogido demasiado pronto del árbol del mango para venderla rápidamente. Pero cuando llega el momento, este mango cae del árbol en la hierba y entonces lo abres y lo comes y está “ahí”. Como debe ser. En su momento justo. Simplemente delicioso. Cada pequeña cosa en el universo tiene su propio tiempo. Muy a menudo vamos demasiado rápido. Debemos aprender A ESPERAR. Esperar. Esperar. Como esta deliciosa fruta de pasión del mango.


—¿Ha influido de alguna manera el hecho de que ésta haya sido una grabación especial con un sistema de sonido envolvente? ¿Crees que este tipo de sonido va a añadir algo más a tu música?

‘eyeM’ está mezclado en Surround Sound. Esto no influyó en las sesiones de grabación, pero le dio más posibilidades de crear una atmósfera más especialen el proceso de mezcla. Realmente te encuentras sentado entre los músicos cuando escuchas ‘eyeM’ con un descodificador de surround. Hace que la escucha global sea más tridimensional. Mi opinión es que “escuchar música con efectos sonoros envolventes” puede ser comparado con el paso del sonido monofónico al sonido estéreo. Un avance interesante en el mundo de la escucha en alta fidelidad.


—¿Has descubierto todo sobre tu violín? ¿Crees que podría ser tocado de una forma más imaginativa?

—El mundo de la “interpretación del violín” es infinito, como el universo. En realidad descubriréis mayor profundidad, claridad e intensidad en mi forma de tocar el violín en ‘Delicious Fruit’. En los últimos dos años he experimentado un avance muy importante que está íntimamente conectado con mi desarrollo personal, espiritual. Mi música es algo como “la lengua del cielo”. Cuanto más la escuchas, más aprendes a hablarla.

Neunkirchen, 17 de marzo de 1996